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lunes, 11 de abril de 2016

El acoso escolar es combatido

Uno de los principales problemas del acoso escolar o bullying es que la mayoría de las veces es invisible a los ojos de los profesores y padres de familia, es por ello, que una maestra en Estados Unidos inició con un programa que la ha ayudado a detectar los patrones de este tipo en sus aulas de clase.

Un texto publicado en Reader’s Digest por Glennon Doyle habla sobre la brillante estrategia de una docente en Estados Unidos para detener el bullying. Su táctica es verdaderamente ejemplar.

La maestra -de la que no se da el nombre ni la escuela- lleva usando su fórmula desde 1999, año en que ocurrió la masacre de Columbine.

acoso escolar


Este es el texto que explica el método:

“Hace unas semanas fui a la escuela de mi hijo Chase para hablar con su profesora. Previamente yo le había mandando un correo electrónico diciéndole: 'Chase asegura que la tarea que le manda usted es de matemáticas, pero no sé si creérmelo o no. ¡Ayuda, por favor!' A lo que ella me contestó: '¡No hay problema! Puedo darle clases de repaso a Chase por las tardes'. Y yo respondí: “No, no a él. A mí. Él lo entiende muy bien. Ayúdeme a mí”.

Así fue como terminé de pie frente a la pizarra de un aula vacía de quinto grado mientras la maestra de Chase, sentada detrás de mí y con voz afable, trataba de ayudarme a entender “la nueva forma de enseñar la división larga”. Por fortuna, no tenía mucho que desaprender porque nunca había entendido realmente la “vieja manera de enseñar la división larga”. Tardé una hora en hacer una sola operación, pero al menos pude darme cuenta de que le había caído muy bien a la profesora.

Después nos sentamos para hablar sobre la importancia de la enseñanza de los niños, de por qué es un deber sagrado y una gran responsabilidad, así como sobre cómo moldear sus pequeños corazones para convertirlos en contribuyentes de una comunidad, y discutimos sobre nuestro mutuo anhelo de que las comunidades pudieran estar conformadas por individuos que ante todo fueran amables y valientes. Entonces me contó esto:



Todos los viernes por la tarde pide a sus alumnos que tomen una hoja de papel y escriban los nombres de cuatro niños con los que les gustaría sentarse la semana siguiente. 

Los chicos saben que ese deseo puede o no cumplirse. También les pide que nombren al compañero que, según su opinión, tuvo un comportamiento ejemplar durante esa semana. Los niños luego le entregan las hojas sin revelar nada a los demás.

Y cada viernes por la tarde, una vez que los niños ya se han ido a casa, la maestra toma esas hojas, las pega en la pizarra y las analiza en busca de patrones. ¿A qué niño nadie menciona como compañero de asiento deseable? ¿Cuál no nombra a ninguno con el que quiera sentarse? ¿A qué alumno nadie lo elige nunca? ¿Quién tenía mil amigos la semana pasada y ninguno esta semana?

La maestra realmente no busca una nueva forma de distribuir a los alumnos en las clases, ni aquellos que muestran un “comportamiento ejemplar”. Lo que busca es identificar a los niños solitarios, a los que tienen dificultades para vincularse con sus compañeros. De este modo descubre a los chicos que han caído en las grietas de la vida social del grupo, así como aquellos cuyos dones pasan inadvertidos para sus compañeros y, ante todo, quiénes son víctimas de bullying y quiénes son los abusivos o acosadores.

Es como tomar una radiografía de un aula para traspasar la superficie de las cosas y ver el corazón de los alumnos. Es como excavar una mina en busca de oro, siendo el oro esos niños que requieren un poco de ayuda, que necesitan que los adultos intervengan y les enseñen cómo hacer amigos, cómo invitar a otros a jugar, cómo unirse a un grupo o cómo compartir sus dones. Y es una forma de detener el bullying, porque todo maestro sabe que el acoso suele ocurrir fuera de su mirada, y que a menudo los niños que lo padecen se sienten demasiado intimidados como para contarlo. Pero, como dijo la maestra de Chase, la verdad sale a relucir en esos trozos de papel confidenciales.

Cuando la maestra terminó de explicarme su sencilla pero ingeniosa idea, muy admirada le pregunté:

—¿Y cuánto tiempo lleva usando ese método?

—Desde lo de Columbine. Todos los viernes por la tarde desde lo de Columbine”.

¿Qué pasó en Columbine?

El 20 de abril de 1999, dos estudiantes de bachillerato de Columbine, en Colorado, Estados Unidos irrumpieron en la escuela con armas de fuego y mataron a 13 personas -12 alumnos y un profesor- e hirieron a más de 20.

El texto cuenta que la maestra escuchó la noticia sabiendo que la violencia empieza con la desvinculación, que todo el odio hacia el exterior comienza como soledad interior. Observó la tragedia sabiendo que los chicos a los que nadie hace caso, a la larga pueden hacerse notar por cualquier medio y a cualquier coste.

Debido a eso decidió hacer lo que estaba a su alcance: ayudar a sus alumnos de primaria. La mujer dice estar convencida que el análisis de la lista por parte de la maestra es salvar vidas.

“Ella identifica patrones en su aula, y mediante esas listas descifra los códigos de desvinculación. Luego da a los niños solitarios la ayuda que necesitan. Sencillamente es increíble”.

La brillante maestra se jubila este año y va a dejar un vacío muy grande. Ella ha buscado patrones de amor y soledad por más de 16 años, alterando y mejorando cada viernes la trayectoria del mundo.

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